Cuando me lo dijeron, me pasó como a muchos de vosotros, micro infarto. Y es que este domingo cierra sus puertas el mítico Bar San Marcial, el de la Gavilla.

Así que en cuanto he podido me he ido a comer una, la última tal vez. He tenido la suerte de poder charlar con ellos, de saber que el local no va a cambiar, que simplemente se traspasa y que van a seguir ofreciendo Gavillas. Pero, como buena vasca, el cambio de primeras, no me gusta. Qué le vamos a hacer, ley de vida. Ahora les toca a ellos disfrutar, al otro lado de la barra o donde les salga de la punta de la nariz.

Están emocionados, si. Me han confirmado que lo que mas van a echar en falta es a la clientela, esa clientela fiel que tanto cuesta conseguir.

Me ha gustado, me ha gustado mucho poder despedirme así de vosotros, porque al fin y al cabo La Gavilla, es la excusa.

¡Gracias por hacerme sentir como en casa cada vez que os he visitado!