Siendo Donostiarra confieso que no había entrado antes al Dickens. Supongo que siempre lo he asociado a un público mayor que yo. La verdad es que no te dejan indiferentes sus paredes llenas de recuerdos, y trofeos. Y por supuesto ese txokito en la parte de arriba con sofás y luces acogedoras. Si queréis ver el resultado, aquí lo tenéis.